
El diseño de la
intervención tuvo como propósito promover la confianza organizacional, tema muy
relevante para cualquier organización que pretenda diferenciarse y agregar
valor. Para esto, hicimos un taller de 6 horas que trató temas como los que
comento a continuación. Aprovecho también de agradecer a la coach y amiga,
Andrea Salinas por sus consejos.
Ante la pregunta, ¿te
consideras una persona confiable? muchos, pienso que casi todos responderán que
sí. La confianza, como todo valor, parte por casa, teniendo confianza en uno
mismo. Vamos viendo una interpretación de confianza para poder verificar esa
opinión.
Una forma de verlo es
que la confianza es una mesa de cuatro patas, la primera pata es la sinceridad,
claramente no puedo decir algo y estar pensando otra cosa, eso inmediatamente
me hace una persona no confiable. Una segunda pata es la historia, que
debe ser consistente en el tiempo, no puedo ser confiable un día y al otro no
cumplir, para generar confianza debo ser impecable en el cumplimiento de mis
compromisos. Una tercera pata es la competencia. Para ser confiable debo
tener las herramientas para poder cumplir con aquello con lo cual me
comprometo, por ejemplo, yo no soy confiable piloteando un avión. Por último,
está el involucramiento, o sea que aquello que está en juego, me
importa. ¿Cómo puedo confiar en alguien que no está comprometido con lo que
está pasando, que no le importa?
Hasta aquí,
seguramente, seguimos siendo confiables. Investiguemos un poco más este juicio
a través de algunas preguntas.
- Sobre la sinceridad: ¿Has dicho, sí, cuando has querido decir, no? ¿alguna vez has agrandado un resultado para que parezca mejor? ¿Has dicho que vas más cerca cuando llamas por ir atrasado a alguna parte? ¿Has dicho que algo te gusta cuando en realidad, no? ¿mientes a veces con la excusa de no dañar a otra persona?
- Sobre la consecuencia en la historia: ¿Has prometido algo cuando estás entusiasmado que luego no has cumplido? ¿te has propuesto hacer una dieta que nunca comienzas? ¿dejar de fumar o tomar? ¿Has adquirido compromisos que luego esperas se olviden?
- Sobre la competencia: ¿Has tomado compromisos sin tener las herramientas necesarias? ¿Te atreves a decir "no sé"? ¿Pides ayuda? ¿has dicho "lo resolvemos en el camino"?
- Sobre el involucramiento: ¿Intentas estar presente siempre en las reuniones? ¿Llegas atrasado? ¿Cuando escuchas, qué escuchas, a ti mismo o intentas comprender al otro? ¿haces chistes a veces cuando otro habla? ¿miras el teléfono en las reuniones? ¿te sientes interesado e involucrado con lo que les pasa a otras personas?
A lo mejor nos hemos
dado cuenta de que ser 100% confiable es una tarea muy difícil, y la confianza
es un tesoro invaluable, la confianza nos da posibilidades de acción, nos
permite coordinar acciones que van más allá de nuestra biología, sobretodo, en
las organizaciones, que finalmente son una red de interacciones que buscan
compromisos. Lo bueno es que la confianza se puede generar, se puede mantener y
se puede reparar. ¿Cómo lo hacemos?... conversando...
Una conversación para
generar confianza habla de relacionarnos, de instalar un juicio en el otro con
afirmaciones que nos respalden, de mostrar involucramiento en lo que al otro le
pasa, diciendo siempre la verdad y sin agendas ocultas. La confianza se mantiene,
chequeando, evaluando cumplimientos, preguntando por la satisfacción de un
compromiso, sabiendo decir que "no" asertivamente. Y la reparamos
pidiendo perdón si es que fallamos, reclamando en caso de que nos fallen,
ofreciendo medidas mitigatorias y también a veces explicando lo sucedido
asumiendo el error.
La confianza es la
emocionalidad necesaria en cualquier cambio. Rafael Echeverría en su libro
"La empresa emergente" nos cuenta, " Es
necesario un mecanismo de regulación del trabajo que, permita e impulse que el
trabajador aprenda y logre innovar... Los nuevos mecanismos de regulación
necesitan sustentarse en una emocionalidad diferente. Esta emocionalidad es la
confianza, la cual es clave en el mundo empresarial".