Todo está en constante transformación, siempre estamos en
algún ciclo del día, del año, de la vida, nunca un momento será igual a otro,
crecemos, envejecemos, y nos transfomamos continuamente. No podemos
parar el movimiento continuo. Entonces, si todo está cambiando, ¿por qué muchas veces nos resistimos al cambio?
Todo cambio de alguna manera nos hace sentir vulnerables, cuando cambiamos, ya sea de casa, de empleo o de circunstancias, dejamos de lado la estabilidad de lo conocido por algo que no conocemos. Igual que tarzán con las lianas, para tomar una debía soltar otra. El cambio siempre trae consigo la incertidumbre, la sensación de fragilidad, el miedo a lo desconocido. ¿Para qué cambiar entonces?
Imagínate en un futuro no muy lejano, unos 10 años, sin cambiar mayormente, sólo lo que las circunstancias te permiten, ¿dónde te lleva la forma de vivir que tienes actualmente? ¿cumple con tus sueños? ¿eres protagonista en la película de tu vida?
Veo que en nuestra cultura está instalado el miedo como emocionalidad predominante, el miedo paraliza, promueve la estabilidad, nos hace actuar de formas que nos den la ilusión de que controlamos las cosas a nuestro alrededor, nos hace ver las amenazas, el riesgo, la posible escasez y todo esto atenta contra el cambio, que en último término es necesario para crecer.
Otra forma de mirar el fenómeno del cambio podría ser desde la confianza, sabiendo no controlamos nada más que nuestras acciones, confiando en que lo que pasa a nuestro alrededor son oportunidades infinitas de interacción, que veamos la virtud en las cosas y las personas, las posibilidades, la abundancia que hay en todo, el amor y que esto promueva la búsqueda... el cambio trae movimiento, desafío, experiencias nuevas, transformación y aprendizaje, se parece a estar realmente vivo! y si bien sabemos donde partimos, no sabemos donde terminaremos. Lo que teme la cuncuna, lo agradece la mariposa.
La mayoría de las organizaciones con las cuales me ha tocado interactuar tienen este enfoque, como si las organizaciones mismas fueran problemas que hay que solucionar, siempre falta, se vive el trabajo como si se estuviera en deuda, en escasez, con miedo a perderlo. El trabajo también podría ser un espacio en donde las personas se organizan para colaborar en la satisfacción de necesidades, en donde se articulan desafíos, en donde se genera abundancia y se construye sentido, en donde se vive la felicidad. Marcel Proust dijo "El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos horizontes sino en tener nuevos ojos". El cambio sistémico, no puede ocurrir y sostenerse si no parte en la persona, en el ser, en la mirada de mundo y de nosotros mismos en interacción con otros.
