Hoy vi a Lucas, mi hijo de dos años y medio, metiéndose a la
boca muchos más trozos de una salchicha de los que podía tragar, de hecho, al
verlo me dio la impresión de que quería probar cuántos podía comerse al mismo
tiempo. Mi primera reacción fue a detenerlo para que no lo hiciera, y pensé, ¿para
qué quiero hacer eso? Se me vino a la cabeza el tema de la educación, ¿Para qué educo? Y, ¿Cómo quiero educar a mis hijos? ¿Cuál será la mejor manera?

Antes de volver al ejemplo, pienso que ésta pregunta no se
está haciendo en el debate sobre la educación, o no lo escucho yo al menos por
los canales de información. ¿Para qué educamos? ¿Qué
tipo de persona queremos que sean las nuevas generaciones? Educamos para que
otros aprendan, y aprender, en último término es lo que hacemos para hacernos
cargo de los desafíos que nos presenta la vida, sin embargo, nuestra educación
está enfocada, tanto en metodología como en propósito en sostener lo mismo que
hoy existe, alimenta al mismo sistema en el que estamos viviendo, a la misma
forma de ser que tenemos. Eric Hoffer tiene una frase que dice: “Los aprendices
heredarán la tierra, mientras los sabelotodo estarán perfectamente equipados
para un mundo que ya no existe”. ¿Estaremos preparando a nuestras nuevas
generaciones para un mundo en extinción? ¿Qué será lo que viene? Sabemos que la
forma de hacer las cosas que tenemos como sociedad no son acordes a la sociedad
en que queremos vivir, lo escuchamos todos los días. Nadie quiere estar detrás
de una reja, ni los que se defienden detrás de ella voluntariamente, ni los que
las ven por dentro en una cárcel. Nuevamente sostengo la pregunta, ¿para qué
educamos? Si tomamos como válida, la mirada del cambio, es muy probable que
necesitemos personas que sepan aprender. No sabemos lo que viene, y si sabemos
que no queremos lo que hoy estamos siendo como sociedad.

Volviendo al cuento de Lucas y sus salchichas en la boca,
decidí no decirle nada… él no necesita que le diga que eso no es bueno para él. Para aprender, lo que veo que necesita, es hacerlo por medio de la experiencia y así va a ir conociendo sus propios límites, no los míos.
Él sólo está probando y aunque la forma, no me guste, no veo que sea un riesgo
para él. ¿Cómo aprenderá entonces? Entre otras cosas, imitando las acciones de
aquellos importantes para él, siguiendo el ejemplo o explorando nuevas formas. Crear contextos emocionales sanos para que la
persona se desarrolle, estimular y sobretodo, dar el ejemplo y ser consecuente
con lo que queremos que pase, me parece fundamental para la educación.
Gandhi decía: “Debes ser el cambio que quieres ver en el mundo”. Creo que esa
es la mejor educación.
¿Cómo sería
comenzar a educar para que las nuevas generaciones quieran hacer eso? ¿Cuando
comenzamos nosotros?
Estupenda pregunta:¿para qué educamos?
ResponderEliminarGracias Gabriel, un abrazo
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